Alejandro Goldberg — Pintura “de corazón a corazón” en el Grand Palais
Conocido en el Grand Palais durante su exposición, Alejandro Goldberg habló sobre su relación con la creación con una sencillez desarmante…
Nacido en la Ciudad de México en 1967 y actualmente residente en Jerusalén, Alejandro Goldberg presentará su obra en la próxima edición de Art Capital, en el Grand Palais de París, en el stand D12 de la Galerie L'Esprit d'Escalier, del 12 al 15 de febrero de 2026. Esta presencia marca un momento crucial en la carrera de un pintor cuyo enfoque, a la vez instintivo y profundamente humanista, escapa a las categorías rígidas para privilegiar la experiencia directa, sensible, casi meditativa de la pintura.
Una práctica guiada por la intuición
Para Goldberg, el acto de pintar no es cuestión de programa ni de estilo fijo. La intuición y la emoción son los verdaderos motores de su proceso creativo. Retratos, flores, bodegones, escenas narrativas, abstracciones: su obra se despliega como un territorio sin fronteras donde coexisten múltiples identidades pictóricas. Este rechazo al manierismo y a la repetición sistemática refleja un deseo de honestidad visual: cada lienzo nace de un momento, un gesto, una percepción inmediata.
El artista aboga por un estilo pictórico sin filtros, un enfoque directo que invita al espectador a una interpretación instintiva, no intelectual. No se trata de explicar, sino de sentir. De mirar y luego dejarse mirar por la obra.
“El corazón es el único camino”
Alejandro Goldberg, conocido en el Grand Palais durante la exposición, habló de su proceso creativo con una sencillez cautivadora. Al preguntarle si planifica sus obras o actúa por instinto, su respuesta fue directa:
El corazón es el único camino. No es solo un camino, es el camino
Para él, pintar es un acto de alineación interior. Estar conectado con su corazón, dice, permite que "todo encaje". Esta visión casi espiritual impregna toda su obra, en particular sus composiciones abstractas que parecen explorar dimensiones invisibles, más allá de lo que el ojo percibe inmediatamente. El artista busca una resonancia metafísica en ellas, un espacio donde la materia se convierte en vibración.
Pintar al otro, pintarse a sí mismo
Los retratos ocupan un lugar central en el mundo de Goldberg. No son meras representaciones, sino encuentros. Cuando se le pregunta sobre su aproximación al rostro humano, invierte la perspectiva:
“Cuando pinto a alguien… me pinto a mí mismo a través de sus ojos”
En este concepto, la figura del otro se convierte en un espejo. El artista no busca capturar una imagen fotográfica, sino una presencia, una energía singular. Sus figuras parecen imbuidas de una intensidad silenciosa; sus miradas reflexionan sobre la vida, el ser, la interconexión de los individuos. Goldberg, además, enfatiza esta noción de unidad:
“Toda la humanidad es una.”.
“Estamos todos interconectados.”
Esta filosofía también se evidencia en sus obras no figurativas, donde la vitalidad a veces emerge de formas aparentemente inanimadas. Incluso la abstracción conserva una dimensión profundamente humana en su obra.
El arte como lenguaje del amor
Más allá de la técnica y la temática, Alejandro Goldberg define el arte como un medio universal de comunicación. Al preguntarle si el arte debe provocar la reflexión o simplemente evocar sentimientos, opta por un enfoque inclusivo:
El arte es una forma de comunicar amor. Pintar, bailar, cocinar, cantar... todo gira en torno al amor
Esta visión abierta de la creación expande la pintura para abarcar todas las formas de expresión. El arte se convierte en un vínculo, un puente entre individuos. No es un discurso teórico, sino una relación sensible. Según él, cuando la intención es correcta y la conexión sincera, la obra habla por sí sola, sin necesidad de añadir nada.
Reconocimiento en movimiento
Con más de cuarenta años de experiencia, Goldberg ha desarrollado un lenguaje pictórico único, que combina rigor, libertad y sensibilidad. Su exposición en Francia marca un hito importante en su carrera, abriendo un nuevo diálogo con la escena artística europea y la crítica internacional.
Su presencia en Art Capital no es una simple exposición más, sino un momento de encuentro: entre culturas, entre perspectivas, entre corazones. Para Alejandro Goldberg, la pintura nunca es una demostración, sino una invitación. Una invitación a sentir antes de comprender, a mirar sin filtros y, quizás, durante la duración de una pintura, a reconocerse en el otro.