KIDILL Otoño/Invierno 2026-27 “HEAVEN”: cuando el silencio se convierte en el manifiesto punk definitivo

Para Otoño-Invierno 2026-2027, KIDILL toma una decisión radical: el silencio. Adiós a la puesta en escena espectacular, al artificio performativo, al exceso visual. Hiroaki Sueyasu elige el minimalismo como gesto creativo, dejando que la ropa y los cuerpos respiren. En este espacio deliberadamente despojado, HEAVEN emerge como una declaración poderosa, casi íntima: un punk susurrado, pero imposible de ignorar.

Desde sus inicios, KIDILL se ha arraigado en el punk, no solo como estética, sino como lenguaje de supervivencia. La mirada de Sueyasu se centra en la contradicción: azar y destino, caos y quietud, audacia y fragilidad, ternura y crudeza. Aquí, nada se resuelve. Todo coexiste. La ropa se convierte en un punto de colisión donde valores opuestos chocan y se afirman simultáneamente. Para KIDILL, la moda actúa como un medio para estabilizar la mente, para recuperar un precario equilibrio en medio del caos.

La tensión como esencia

La colección Otoño/Invierno 2026-27 condensa estas tensiones en cada pieza. Las paletas ahumadas, deliberadamente apagadas, contrastan abruptamente con los efectos de degradación de la silicona negra. La suavidad se ve sistemáticamente desafiada por la estructura. Un momento clave del desfile: el MA-1, creado en colaboración con Alpha Industries, donde el rigor militar se envuelve en un tul etéreo. Una difuminación radical de los límites entre feminidad y agresión, protección y vulnerabilidad.

El arte impregna la colección. Las obras de Trevor Brown, figura clave de la escena underground de Tokio durante más de treinta años, aparecen como fragmentos narrativos: alas de ángel y demonio de gran tamaño que envuelven el cuerpo, abrigos mod de líneas definidas, capas de tul que entrecruzan imágenes gráficas de chicas jóvenes. Cada elemento encarna una oposición, una inocencia amenazada, una pureza frágil en constante tensión.

El exceso como vocabulario

La estética punk, dominada instintivamente por Sueyasu, se lleva al límite. Telas recortadas, faldas acolchadas, tartanes tradicionales, correas de bondage, imperdibles, adornos metálicos, ribetes que acentúan los contornos del cuerpo: cada detalle contribuye a un lenguaje visual crudo y deliberado. Los materiales oscilan entre ricos jacquards y superficies reflectantes, resaltando la constante interacción entre tradición y futurismo.

La colaboración con Umbro lleva esta lógica al extremo: más de cuarenta puntos de ajuste se integran en las transiciones de los paneles, transformando las prendas en estructuras modulares, casi vivas. Sin embargo, tras esta aparente anarquía, persiste el rigor técnico. Trabajar con equipos especializados en sastrería a medida permite que la precisión y el espíritu rebelde coexistan en un mismo plano.

Una estética de lo inacabado

El universo cultural de Sueyasu —escenas cotidianas en Londres, caos underground, Tokio de principios de los 90, vestigios ciberpunk— sigue alimentando el ADN de KIDILL. Cuando la memoria personal se encuentra con el presente, emergen fuerzas incompatibles, deliberadamente expuestas. El diseñador rechaza cualquier sofisticación refinada, prefiriendo el poder de lo crudo, imperfecto, inacabado.

EL CIELO no es en absoluto una utopía convencional. Para Sueyasu, representa un espacio de liberación de tabúes y opresión, un cuestionamiento directo de las normas sociales. Un territorio simbólico donde la infancia y la adultez, la destrucción y la fantasía, pueden coexistir. En el mundo de KIDILL, incluso el caos puede convertirse en una forma de paraíso.

Con Otoño/Invierno 2026-27, KIDILL reafirma con fuerza lo que constituye su esencia: la moda como acto de libertad, una visión sin filtros del futuro, donde las contradicciones no se corrigen, sino que se celebran.

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